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Donde la autovía se acaba: peregrinaje por los hitos kilométricos que cierran el mapa

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Donde la autovía se acaba: peregrinaje por los hitos kilométricos que cierran el mapa

Photo: Wikifiq, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

Hay una cierta poesía en llegar al final de una autovía. Durante horas has circulado entre arcenes, pantallas antirruido y carteles verdes, y de repente la calzada se estrecha, el asfalto cambia de tono y el navegador te suelta un «ha finalizado la ruta» con la flema de quien no ha entendido nada. Has llegado al último kilómetro. Y ahí, casi siempre, no hay nada: un campo, un polígono a medio hacer, una rotonda de acceso a una carretera comarcal.

Precisamente por eso merecen la pena. En MapasNet somos fans de los hitos kilométricos, esas placas metálicas o piedras talladas que llevan siglos contándonos cuánto nos queda. Y hoy proponemos lo contrario del clásico punto de partida: ir a buscar los finales, los extremos y las rarezas de la señalización viaria española.

Los grandes finales: donde mueren las autovías

Toda gran vía tiene su punto y final, y no siempre coincide con lo que uno imagina. La A-6, por ejemplo, no termina con vistas espectaculares: su último tramo se disuelve en la trama urbana de A Coruña, y hay que saber buscar el hito para encontrarlo. Más dramático es el caso de autovías que llegan a su fin en mitad del campo, a decenas de kilómetros de la ciudad que les da nombre, como la A-92 en Andalucía o los ramales de la A-15 en Navarra, que se quedan a la espera de que la frontera portuguesa o francesa les dé algún día el sentido completo.

Consejo de road tripper: cuando el final de la vía coincida con una obra en marcha o un tramo en construcción, el hito provisional suele estar desplazado. Lleva la app de mapas sin conexión, porque en esos puntos la cobertura suele brillar por su ausencia.

Piedras con más de dos siglos a sus espaldas

Antes de que existiera la ordenación moderna de la red, los hitos eran mojones de piedra labrada. Los más antiguos que se conservan junto a carreteras datan del siglo XVIII, cuando se impulsó la red radial desde Madrid. Muchos de ellos, catalogados hoy como bienes de interés cultural, sobreviven pegados al borde de vías de altísima intensidad de tráfico: verlos exige aparcar bien, cruzar con cuidado y, a veces, aceptar que la foto saldrá con un camión de fondo.

Si quieres una ruta temática, el eje Madrid–Irún (hoy aproximadamente la A-1) concentra algunos de los hitos históricos mejor conservados, con numeraciones que ya no coinciden con la señalética moderna. Es un juego fascinante: comparar lo que dice la piedra con lo que dice el panel.

El kilómetro cero... y sus imitaciones

El famoso punto de origen de las carreteras radiales está en la Puerta del Sol, y de eso ya hemos hablado por aquí. Pero hay otros «ceros» repartidos por el país que casi nadie visita: el de la red de carreteras de cada comunidad autónoma, los de las diputaciones provinciales y, sobre todo, los de las islas. En Mallorca, Menorca, Ibiza, Tenerife, Gran Canaria, La Palma, La Gomera, El Hierro y Fuerteventura existen sendos puntos de inicio de sus redes insulares, varios de ellos en lugares sorprendentemente discretos: una acera, un muelle, una glorieta sin ningún tipo de placa que lo indique.

Convertirlo en reto es sencillo y barato: elige una isla, busca la ubicación exacta del hito cero (los foros de carreteras y las fichas del Ministerio son tus amigos) y planea una ruta circular que empiece y acabe ahí.

Cómo montar tu ruta de los hitos en un fin de semana

Por qué merece la pena

Nadie vuelve de sus vacaciones con una foto de un hito kilométrico y espera que a todo el mundo le emocione. Pero ahí está la gracia: es el tipo de recuerdo que solo entiende quien ha conducido hasta allí. Y además, te obliga a conocer tramos de carretera y paisajes que ningún «top 10» te recomendaría. La próxima vez que planifiques una ruta, añade un hito al itinerario. El mapa te lo agradecerá.

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