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Llenar el depósito con vistas: las gasolineras de los años 50 que merecen una parada

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Llenar el depósito con vistas: las gasolineras de los años 50 que merecen una parada

Photo: Phillip Pessar, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Hay quien recorre España buscando ermitas románicas o pueblos con encanto. Nosotros, en MapasNet, confesamos una debilidad más discreta: las gasolineras antiguas. Esas casetas de ladrillo visto con toldo de lona, surtidores mecánicos y letreros de neón que aguantan en pie mientras a su alrededor todo se moderniza. Repostar en una de ellas es viajar en el tiempo sin salir de la N-240.

Por qué merecen la pena una parada

En los años cincuenta y sesenta, con el auge del turismo y la motorización del país, las petroleras competían por levantar las estaciones más elegantes. Muchas se construyeron con mimo arquitectónico: voladizos de hormigón, azulejos, marquesinas curvas. Décadas después, la mayoría fueron demolidas o reformadas hasta el anonimato, pero unas cuantas sobrevivieron. Hoy son pequeñas joyas del patrimonio viario, y las carreteras secundarias son el mejor sitio para encontrarlas.

Cinco estaciones que valen el desvío

Gasolinera de Campsa en la N-II (Aragón). La antigua Nacional II está salpicada de estaciones históricas, pero algunas conservan la caseta original con el clásico logotipo pintado en la fachada. Paramos, llenamos y aprovechamos para el café con toastada de siempre.

Estación de Puerto Lumbreras (Murcia). Junto a la vieja carretera de Madrid a Almería sobrevive una estación de aire norteamericano, con canopy generoso y surtidor antiguo decorativo. Es la foto perfecta a media mañana, cuando el sol da de frente.

Gasolinera de la N-625 en Asturias. Entre Lugo y Oviedo, esta estación de montaña conserva el encanto de las construcciones de la época: piedra, madera y un perfil bajo que se funde con el paisaje. Ideal para combinar con una ruta por los puertos asturianos.

La de la N-340 en Cádiz. En la costa gaditana aún funcionan estaciones con toldo original y una atención que huele a bar de carretera. Aquí el plan es claro: repostar, tomar un pescaíto frito en el bar de al lado y seguir hacia Tarifa.

Estación de la N-120 (Burgos-León). La carretera del Camino de Santiago esconde algunas de las gasolineras mejor conservadas de Castilla. La combinación de horreos, campos de trigo y un surtidor de los setenta es puro cartel de cine.

Cómo encajarlas en tu ruta

La clave está en evitar las autopistas. Las gasolineras con historia viven en las nacionales antiguas, esas que hoy son carreteras libres de doble sentido con mucho tráfico local. Si vas de Madrid a Irún, por ejemplo, la AP-1 te ahorra una hora, pero la N-1 te regala media docena de paradas con encanto.

Un consejo práctico: antes de desviarte, comprueba en el GPS que la estación sigue abierta. Muchas figuran en los mapas pero han cerrado o solo venden a determinadas horas. Y si viajas con el depósito justo, recuerda nuestra regla de oro: en la España vaciada, nunca bajes de la mitad de tanque, aunque la gasolinera más bonita del mundo te tiente a llegar al mínimo.

Qué comprar además de combustible

La gracia de estas estaciones no es solo la arquitectura. En muchas, el pequeño minimercado ha sobrevivido igual que en 1965: conservas caseras, queso de la zona, botas de vino y algún recuerdo improbable. Nosotros siempre salimos con un mapa de carreteras de papel, que sigue siendo el mejor plan B cuando el móvil se queda sin batería.

Un aviso para el fotógrafo de a bordo

Repostar es una cosa, fotografiar es otra. Si quieres retratar la estación, hazlo desde fuera, sin estorbar el paso de otros conductores y sin invadir la zona de surtidores. Las gasolineras son lugares de trabajo y, por bien conservadas que estén, la seguridad va primero. Y si el encargado te cuenta la historia del sitio, quédate a escucharla: en estas estaciones, la mejor parte del patrimonio es la gente que las mantiene vivas.

El mapa que te faltaba

En MapasNet hemos preparado una selección con las estaciones más bonitas del país, geolocalizadas y combinables con nuestras rutas clásicas: la meseta castellana, la cornisa cantábrica o el levante. La próxima vez que planifiques un viaje en coche, añade una gasolinera histórica al itinerario. Es la parada más barata del viaje y, con frecuencia, la más recordada.

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