El Camino Francés sobre cuatro ruedas: conducir el itinerario que todos caminan
Photo: Diego Delso, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Hay una idea curiosa que circula entre los que han hecho el Camino a pie: que en coche «no cuenta». Nosotros lo vemos al revés. Conducir el Camino Francés es una de las grandes rutas de carretera de España, con la ventaja de que cada 30 kilómetros tienes un pueblo con catedral, un botafumeiro o una ración de pulpo esperándote. Y lo mejor: casi nadie lo hace así, así que las carreteras están para ti.
El Camino Francés en coche: la ruta clásica
Son unos 780 kilómetros de Roncesvalles a Santiago, pero en coche lo razonable es hacerlo en cinco o seis días, combinando autovía y carreteras locales.
Etapa 1: Roncesvalles a Pamplona y Estella. Arranca en el puerto de Roncesvalles, uno de los pasos de montaña más bonitos del Pirineo navarro. Baja a Pamplona (aparcamiento subterráneo en la Plaza de Toros, fácil) y sigue por la carretera que bordea la sierra del Perdón hasta Estella, con su fuente de vino gratis en el monasterio de Irache, si te apetece probar.
Etapa 2: Estella a Logroño y Burgos. Los viñedos de La Rioja acompañan el viaje: parada obligatoria en Cirauqui, con su puente romano, y en Logroño, donde el Camino cruza el Puente de Piedra y el bar de la Laurel te da la cena. En Burgos, deja el coche en el parking del paseo del Espolón y camina diez minutos hasta la catedral.
Etapa 3: Burgos a León. La meseta castellana, con sus horizontes infinitos, se disfruta mejor en carretera que a pie, seamos sinceros. Frómista y su iglesia románica, Carrión de los Condes y, ya en León, la Basílica de San Isidoro y el Barrio Húmedo para cerrar el día.
Etapa 4: León a Astorga y Ponferrada. Aquí el paisaje cambia: la subida al Cruz de Ferro, los Ancares al fondo y el castillo templario de Ponferrada. La carretera LE-142 y la comarcal que baja al Bierzo son un placer.
Etapa 5: Ponferrada a Santiago. O Cebreiro, con sus pallozas en mitad de la niebla, y luego la subida al alto do Poio antes de bajar a Galicia. La última recta hasta la plaza del Obradoiro la puedes hacer en coche, pero el momento de apagar el motor frente a la catedral se disfruta igual que si llegas andando.
El Camino del Norte: la alternativa verde
Si prefieres el mar, el Camino del Norte recorre la cornisa cantábrica de Irún a Santiago y, para el que conduce, es posiblemente mejor: la N-634 y las carreteras de costa pasan por San Vicente de la Barquera, Llanes, Ribadesella y Gijón, con vistas al Cantábrico casi todo el trayecto.
Divide el viaje en cuatro etapas de unas 200 kilómetros, duerme una noche por ciudad y usa la A-8 solo para ganar tiempo cuando el paisaje no merece la pena. Bilbao, Santander y Oviedo funcionan como bases perfectas con aparcamiento público barato a las afueras del casco urbano.
Dónde dormir (y aparcar) sin ser peregrino
Aquí va lo práctico: los albergues de peregrinos piden credencial y suelen no aceptar reservas, así que olvídalos. La buena noticia es que los pueblos del Camino están llenos de hostales, casas rurales y hoteles pequeños que viven también del turismo de paso.
- Reserva con antelación en julio, agosto y Semana Santa: Santiago y sus etapas clave se llenan.
- Aparcamiento: en los pueblos pequeños, la plaza mayor o las afueras suelen ser gratuitas. En las ciudades, busca parking público subterráneo cerca del casco histórico; suele costar entre 12 y 18 euros al día.
- No necesitas credencial para comer, dormir o visitar nada. La Compostela solo se emite a quien camina o pedalea, pero nadie te va a pedir el carné para sentarte a cenar en el Mesón de los Canónigos.
Consejos finales para la ruta
Lleva el coche ligero: cuanto menos bulto, más fácil aparcar. Descarga los mapas sin conexión, porque entre Lugo y O Cebreiro la cobertura juega a ratos. Y sobre todo, no te conviertas en un esclavo del itinerario: la gracia de hacer el Camino en coche es que puedes desviarte a un mirador, a un monasterio o a una bodega sin que te duela el tendón de Aquiles.
Mil kilómetros de historia, de boa mesa y de carreteras secundarias que valen el viaje por sí solas. Todo el mundo camina el Camino; muy pocos lo conducen. Y esa, precisamente, es su mejor ventaja.