Bajar el ritmo en la N-340: la nacional que la A-7 no pudo jubilar
Photo: Enric, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Hay carreteras que se diseñan para llegar rápido y otras para llegar bien. La N-340 pertenece al segundo grupo. Cuando la A-7 fue tragándose el tráfico del Mediterráneo tramo a tramo, esta nacional centenaria podría haber desaparecido como tantas otras. No lo hizo. Hoy sobrevive convertida en una especie de carretera de servicio del litoral: la que usan los vecinos, los que van a la playa del pueblo de al lado y los conductores que han decidido que el viaje también es destino.
Una carretera con más de un siglo de historia
La N-340 nació como eje costero entre Cádiz y Barcelona, y durante décadas fue la forma de recorrer el Mediterráneo español. Con la llegada de la autovía A-7 y los tramos de autopista de peaje (AP-7), el papel de la nacional cambió: perdió camiones y prisa, pero ganó carácter. Conducirla hoy es hacerlo a 80-90 km/h por tramos que serpentean entre palmerales, urbanizaciones de los 70 y calas que desde la autovía ni sospechas.
Eso sí, no todo es idílico. La N-340 tiene fama merecida de ser una de las vías con más tramos conflictivos de España, sobre todo a su paso por las áreas metropolitanas de Málaga y Almería. La clave está en elegir bien dónde meterse y dónde coger la autovía sin remordimiento.
Los tramos que sí merecen la pena
Algeciras – Tarifa (CA-34/N-340): el arranque más espectacular. Viento, mar a un lado y el Estrecho de por medio. Si el levante sopla fuerte, agárrate al volante; si no, es uno de los paisajes más bonitos del país.
Nerja – Motril: la nacional discurre aquí sobre acantilados y cruzando el río Guadalfeo, con el mar siempre presente. Añade una parada en Nerja o Salobreña y tendrás la media jornada redonda.
Almería – Mojácar (por el interior de Cabo de Gata si te desvías): el tramo urbano de Almería mejor esquivarlo, pero hacia el levante almeriense la carretera recupera aire y paisaje volcánico.
Garrucha – Cartagena: pueblos de pesca, huertas y una carretera que alterna tramos aburridos con sorpresas. Buena opción en temporada baja, cuando la A-7 pierde sentido porque no hay atascos que esquivar.
Valencia – Castellón (la antigua por la costa): entre arrozales, naranjos y pueblos como El Palmar o Sagunto, este tramo es puro Mediterráneo pausado.
Cuándo usarla y cuándo huir de ella
La regla es sencilla: la N-340 brilla en invierno y primavera, y sufre en verano. En agosto, con las playas llenas, la nacional se convierte en un carril lento lleno de giros a urbanizaciones, y la autovía es casi siempre la opción sensata. El resto del año, en cambio, la diferencia de tiempo con la A-7 es mínima en muchos tramos, y la experiencia, incomparable.
Otro consejo de MapasNet: lleva el depósito por encima de la mitad en los tramos de Almería y Murcia. Las gasolineras junto a la nacional no escasean tanto como en la España vaciada del interior, pero entre pueblo y pueblo hay tramos donde conviene no jugársela.
El mapa de la N-340 como excusa
Hay quien recorre la N-340 entera como proyecto de viaje: unos 1.200 kilómetros entre el Estrecho y el Maresme, sin prisa y durmiendo en pueblos costeros. No es una carretera para hacer de una sentada —más bien todo lo contrario—, pero como columna vertebral de un road trip mediterráneo de una o dos semanas funciona de maravilla. Combínala con la A-7 para los tramos urbanos y tendrás la mejor versión de ambas.
Porque al final, la N-340 nos recuerda algo que las autovías han olvidado: que entre dos puntos del mapa siempre hubo caminos con nombre, historias y un bar de carretera donde parar a tomar algo frío. La próxima vez que planifiques una ruta por el levante, dale una oportunidad a la nacional. Llegarás más tarde, sí. Pero llegarás mejor.