Ya
estamos de nuevo en pre-campaña electoral. Pronto la propaganda
martilleará sin descanso para que compremos con una papeleta milagrosa
un montón de proyectos. Todos los votos importan, pero pocos saben que
en los últimos 4 procesos electorales la decisión la han tenido menos
de un 6% de los votos, situados en unas pocas provincias estratégicas.
En
efecto, el próximo 9 de marzo del 2008 se celebrarán en España
elecciones generales al Congreso para elegir los 350 diputados de la
principal cámara legislativa. La peculiar ley electoral española asigna
dos escaños a cada una de las 50 provincias y 1 escaño a Ceuta y
Melilla. El resto de los 248 escaños se reparten proporcionalmente al
porcentaje de población con derecho a voto en cada provincia, sobre el
total nacional. La distribución del número de escaños depende de la
evolución demográfica y, aunque generalmente la variación demográfica
no afecta al reparto, en las últimos 4 elecciones 10 provincias han
ganado o perdido algún escaño. Para el año 2008 éste será el mapa de la
distribución de escaños.
La
asignación de los escaños a las diferentes candidaturas en cada
provincia se hace sobre el total de votos válidos en esa
circunscripción por medio de la Ley d’Hont, cuyo detalle puede ver en wikipedia.
Este particular sistema, unido a la estabilidad geográfica de la
población y al asentamiento social de los partidos mayoritarios deja ya
muy poco margen para sorpresas. En condiciones normales, el número de
escaños de cada partido oscila muy poco entre las sucesivas
legislaturas. En tres de las cuatro últimas legislaturas, la victoria
electoral no se ha obtenido por mayoría absoluta y la diferencia de
escaños entre los dos primeros partidos ha sido de tan solo 18, 15 y 16
escaños. Las próximas elecciones parece que repetirán este esquema
básico. Pequeñas variaciones pueden inclinar la balanza a uno u otro
lado por un estrecho margen como en otras ocasiones anteriores.
Por
ello hemos buscado, a través del análisis estadístico y geográfico, qué
es lo hace al sistema electoral español tan inmovilista, qué factores
permanecen y dónde cambian en cada proceso electoral. El análisis
arroja sorpresas que certifican que la batalla electoral española se
decide en unos pocos lugares, especialmente sensibles a la Ley d’Hont.
Los resultados de 3 de las 4 últimas contiendas electorales dependieron
de muy pocas provincias, que es lo propio de un reparto proporcional de
escaños que prima los mayores restos. En gran parte del país ya se
pueden adelantar los resultados de la noche electoral, sin necesidad de
acudir a las encuestas, ni esperar a jornadas de reflexión.
Nuestro
análisis se ha centrado en los resultados de los dos partidos
mayoritarios. En primer lugar observamos que hay provincias cuyo
reparto de escaños no varió en las cuatro últimas elecciones. En esta
categoría hay 12 provincias que suponen un reparto de 41 escaños (25 PP
y 16 PSOE). Si buscamos en los tres procesos en que no hubo mayoría
absoluta (1993, 1996 y 2004) se encuentran 9 provincias más que
incluyen 56 escaños (17 PP, 24 PSOE y 15 otros). Puesto que la
situación actual de empate técnico en las encuestas preelectorales es
muy semejante a los resultados de dos procesos electorales anteriores
(1996 y 2004) con vencedor diferente, aún es posible añadir otras 8
provincias a la lista de repartos inmovilistas con 40 nuevos escaños
(20 PP, 19 PSOE y 1 otros). En resumen, una primera categoría de
escaños “fijos”, independientes en su reparto de la contienda electoral
en los últimos 15 años nos dice que ya conocemos los resultados
electorales de 29 provincias que se reparten 137 escaños de modo
invariable (62 PP, 59 PSOE y 16 otros). Aquí puede descargar gratuitamente el mapa de las provincias variables e inmovilistas.
Ahora
sólo queda investigar cómo fueron las variaciones en las 23
circunscripciones restantes que se reparten 213 escaños. De ellos,
según los resultados en 3 de los 4 procesos anteriores, el mínimo
número de escaños que obtuvieron los dos partidos mayoritarios en cada
provincia suponen 155 escaños más “asegurados” (76 PP y 79 PSOE), a
partir de los que realmente empieza la carrera electoral. Así pues,
hasta aquí cada uno de los dos partidos mayoritarios empata con 138
escaños. Si desea conocer cómo se reparten geográficamente estos 276
escaños seguros de los 312 que conseguirán como máximo entre el PP y el
PSOE, puede adquirir aquí el mapa de escaños fijos.
En
realidad el proceso electoral se resuelve en el reparto de 36 escaños
restantes. Nunca mejor dicho restantes, porque dependen de los restos
de la Ley d’Hont. En 5 de estas 23 circunscripciones, el mínimo y el
máximo número de escaños no variaron para uno de los dos partidos (2 PP
y 3 PSOE). Son 6 escaños diferenciales (3 PP y 3 PSOE) que pueden ganar
o entregar a terceros partidos y así cambiar un poco la presencia de
los minoritarios en el Congreso. La tendencia sin embargo es hacia que
estos escaños queden en poder de los partidos mayoritarios cada vez
más. Del mayor o menor éxito en obtener estos escaños, se produce una
primera diferencia de hasta 3 escaños.
Restan
30 escaños por dirimir en 18 provincias. Aquí entra en juego el llamado
“efecto impar” que prima los restos de las provincias con número de
escaños impar. En ellas, el último resto atribuible beneficia sólo a un
partido mientras que el oponente no tiene escaño para aplicar su resto.
Hay 7 provincias que tienen este efecto diferenciador entre las
18 restantes, y en ellas acumula unos pocos escaños más el partido con
mayores restos. El último empuje diferencial proviene de 6 escaños más provenientes de las dos provincias de mayor población.
En
resumen, de tan pocos resquicios surge el hecho de que las diferencias
entre el número de escaños del PP y el PSOE, en 3 de las 4 últimas
legislaturas, varíe tan solo entre 15 y 18 escaños. Si desea saber
dónde se juegan estos pocos escaños los partidos mayoritarios en la
próxima campaña electoral, adquiera pinchando aquí el mapa de la distribución geográfica de los escaños decisivos .
Con él le resultará más fácil interpretar las encuestas que la prensa
realizará en las próximas semanas, el equilibrio o manipulación de las
informaciones durante este periodo electoral, el diseño de las campañas
y actos públicos de los líderes políticos y por último, entender mejor
los avatares de la noche electoral. Probablemente nosotros
presentaremos aquí algún análisis complementario al ritmo de los
acontecimientos.
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